Camilo Minero

El Pintor del Pueblo, 1917-2005.

Artículos

1998-2023

Tres vidas, tres artistas, tres países.

Dos salvadoreños y un guatemalteco marcaron la historia con sus vidas y su arte.

por Victor Hugo Dueñas (Diario El Salvador, agosto 2023)

Raúl Leiva Muñoz, Liliam Jiménez y Camilo Minero coincidieron en la vida. El primero nació en Guatemala, ella en Santa Ana y Minero en Zacatecoluca (El Salvador). El país que los terminó de unir fue México. 

Los tres, desde jóvenes, se dedicaron a la Academia y al quehacer artístico-cultural. Fueron impetuosos, críticos y solidarios con muchas causas sociales. Vivieron tiempos difíciles con gobiernos dictatoriales y golpes de Estado.

Con poemas, ensayos, publicaciones periodísticas y pinturas, entre otras expresiones tangibles, los tres se hicieron sentir en la historia y en la vida pública. Su legado, como sus vidas, ahora son motivo de una exposición: «Coincidir. México en la vida de tres artistas centroamericanos», que se presenta en la embajada de México, en San Salvador.

La muestra empieza con Raúl y Liliam, luego va Camilo; pero después se alternan todos, con sus creaciones, sus fotos, sus escritos, sus libros, sus pensamientos y dibujos. Como sus vidas, todo en la exposición se entrelaza. Es más, Raúl y Liliam fueron esposos.

«Están los tres, con énfasis en su estancia en México. En el caso de mis padres como exiliados después del derrocamiento del gobierno de (Juan Jacobo) Árbenz, en el 54. En el 56 mi madre se separa temporalmente de mi papá. Nos venimos a El Salvador y estuvimos aquí hasta el 59», comparte Raúl Leiva, uno de los tres hijos de Raúl y Liliam.

Añade: «Después, nos quedamos en México y, pues, ellos se integraron a trabajar en instituciones, sobre todo, de la Universidad Autónoma de México e hicieron vínculos, amistades; e hicieron obra relacionada con México, sobre todo mi padre. Ambos están incluidos en el Diccionario de Escritores Mexicanos Siglo XX y ahí se explica, en la parte introductoria, la razón por qué están incorporados algunos no nacidos en México, pero que aportaron a las letras y a la cultura mexicana».

Según Leiva, en 1944 Guatemala vive un «remanso de paz», luego de ser derrocada la dictadura de Jorge Ubico. Su madre (de 24 años) se siente atraída por lo que estaba pasando y decide viajar a ese país. Se inscribe en Filosofía y Letras (en la Universidad de San Carlos), y conoce a un poeta de reconocida trayectoria quien se convirtió en su esposo: Raúl Leiva. Ella también escribía.  

En 1954 Guatemala se convulsiona con el golpe de Estado contra Árbenz y los Leiva deben refugiarse: él pidió asilo en la embajada de México y ella en la de Ecuador. Con un salvoconducto, Liliam logra reunirse con su esposo y viajan a México. Los tres hijos se quedan con los abuelos, pero toda la familia logra reencontrarse, por fin, en tierra azteca.

«Mi padre fue poeta, periodista, ensayista e investigador. Mi padre escribió mucha poesía identificándose con la cultura precolombina, con los indígenas […] Mi madre también incursionó en el ensayo, pero fue principalmente poeta, poesía social, amorosa. Uno de los primeros libros de mi madre se llama “Tu nombre Guatemala”, que narra la tragedia del pueblo guatemalteco con el golpe de Estado que le hacen a Jacobo Árbenz, que fue un golpe instigado por Departamento de Estado y la CIA, de Estados Unidos», comparte Raúl Leiva hijo.

En la exposición hay, entonces, un ejemplar del libro de su madre, portadas de la revista Saker-Ti (amanecer en Cachiquel) que manejaba un grupo de pintores, periodistas, escritores y músicos guatemaltecos, y donde colaboró su mamá. Además, hay poemas de su padre y objetos personales, entre otros. Todo este legado es protegido por el Archivo Leiva Jiménez.

El Pintor de escenas de la vida real (en sus primeros 80 años de vida).

 Por Miguel Ángel Orellana (Junio de 1998).

Es un don especial extraer temas de los propios sucesos cotidianos y elevarlos por encima de lo prosaicamente personal y convertirlos en un mensaje de realismo social sublimado y transformado en materia de arte por la virtud del artista. Minero nos ofrece en su obra, escenas que presentan al espectador los más agudos problemas sociales de la región. Fundador con Carlos Cañas del grupo Los independientes, al que perteneció también Luis Angel Salinas. Este grupo tuvo como principal propósito romper con el academicismo imperante y pintar en sus lienzos al desnudo la llaga dolorosa de la clase olvidada, luchando contra su pobreza y la indiferencia del ambiente. Fue por ese tiempo que Noé Canjura pintó el «Cristo Indio», cuadro del que Raúl Ela Reyes dice: «sangrante figura semidesnuda, de mayada sobre un arbusto estéril y sostenida en pie solamente por las espinas que atraviesan sus carnes … a los pies: ‘el matate’ con el mísero producto de la tierra». Los Independientes no buscaron hacer propaganda, sino, hacer simplemente un arte nuevo de tremenda responsabilidad. 

Así, la voz de América, expresada en los más significativos pintores de América del Sur, en el Ecuador, Oswa ldo Guaya amín. En el corazón de América, Carlos Mérida, Efraín Recinos, Roberto Cabrera de Guatemala y Armando Morales de Nicaragua. En México. José Clemente Orozco, Diego Rivera, Siqueiros y Ruftno Tamayo. Sus voces se escuchan en los cinco continentes, se han universalizado. 

En El Salvador está expresada por nuestros pintores: Camilo Minero, Julia Díaz, Julio Hernández Alemán, Luis Angel Salinas, Carlos Cañas y Armando Solís. 

Guayasamin pinta la huella del dolor de su pueblo angustiado, su ternura. Siqueiros es el intérprete popular. Diego Rivera alza la voz y pinta a los obreros trabajando, ganándose el pan que a diario comen. Camilo Minero, domiciliado en El Salvador, centroamericano universal, tiene, como ellos, un propósito específico: el laborar un »Arte de masa», comprensible y legible para todos. Por eso es llamado el »pintor del pueblo». Es agresivamente humanista, pinta a los sindicalistas. campesinos y obreros. Como Orozco, no distingue clases, porque él mismo no es clasista, es humilde y jovial y, como sus pordioseros, él también pide; pero, pide justicia, comprensión y entendimiento mutuo, a través de su vigorosa expresión plástica, saturada de amarillos, dorados por la luz tropical, naranjas, rojo y marrones. Con el blanco y el negro logra grises de hondo dramatismo, su técnica al impasto, lo libera del color que sólo viste a las formas y es cuando sus rostros acromáticos alcanzan el clímax de su grito, de su sinfonía trágica, profundamente humana.

 «Toda mi pintura tiene un mensaje social. humanista, viene del pueblo, del campo, del trabajador, de los niños. Tomo mis modelos de los seres marginados – dice Camilo- pero mi pintura social no tiene un acento político». 

Siempre se ha considerado un pintor figurativo, porque la pintura abstracta, metafísica y conceptual no corresponde a sus ideas. A pesar de sus colores cálidos, lo absorbe la tristeza y «el único momento de alegría plena es el silencio de su estudio». cuando él está reflexivamente con él mismo, sin condicionamientos, es completamente libre y completamente suyo. Y es cuando piensa lo que debe hacer, cómo debe hacerlo y cuándo debe hacerlo. 

Camilo Minero nació en Zacatecoluca, en el barrio de Analco, el 2 de noviembre de 1917. Sus primeros estudios los realizó en su ciudad natal bajo la dirección del maestro Marcelino Carballo, después vino a San Salvador y se matriculó en la Escuela Nacional de Artes Gráficas, donde tuvo como maestro a Pedro Angel Espinoza. 

En 1951 obtuvo el primer premio de dibujo en la Primera Exposición de Artes Plásticas de Bellas Artes. El gobierno le concedió -de 1956 a 1960– una beca para efectuar estudios de pintura y grabado en México D.F., en el Instituto Politécnico y el Taller de Gráfica Popular, respectivamente. En el concurso de artes plásticas organizado por este Instituto, ganó el Primer Premio de Pintura y el Primer Premio de Grabado en 1958. En el año 1970 obtuvo el Segundo Premio de Grabado en Guatemala. Ha viajado por varios países europeos, Asia y África. 

Sus participaciones más importantes son: Primera y Segunda Bienal Americana de Grabado del Museo de Arte Contemporáneo. Universidad de Chile, en 1963 y 1965. Ha realizado exposiciones individuales de grabado en Guatemala; acuarelas y grabado en Managua. En 1958. presentó una exposición individual en la galería de Las Pérgola de México, D.F. Participó en la Segunda Bienal Internacional de Grabado en Buenos Aires. Argentina, en 1970. 

 Entre 1966 y 1971, realizó tres exposiciones individuales en la Casa del Arte y participado en 29 exposiciones colectivas. En el Museo Moderno de New York y el Museo de Buenos Aires, Argentina, se encuentran obras suyas. En el Segundo Certamen de Pintura de Cigarrería Morazán, obtuvo el «Premio El Salvador», 1971. Fue profesor de pintura y grabado en el Taller de Arte de la Universidad de El Salvador y escenógrafo del Teatro Universitario. Con otros pintores mantuvo durante un tiempo la desaparecida Casa del Arte. Es Hijo Predilecto de su ciudad natal. A los 80 años, se mantiene lúcido y activo, participando en exposiciones individuales y colectivas, sean estas nacionales o internacionales. Es miembro de ADAPES, Asociación de Artistas Plásticos de ElSalvador. Obtuvo, merecidamente el Premio Nacional de Cultura 1966, en la rama de Artes Plásticas y recientemente el 12 de septiembre de 1997, la Embajada de Nicaragua, en el marco de la celebración del CLXXI de la independenciacentroamericana, le otorga un diploma como reconocimiento a la valiosa contribución al desarrollo de las artes plásticas en Managua, Nicaragua, del ’80 al ’90. 

Biografía por Armando Solís

Camilo Minero nació en 1917, en Analco, hoy barrio San Sebastián, Zacatecoluca, Dep. de la Paz, República de El Salvador, C.A.


Camilo Minero surgió de manera inesperada; el deseo de pintar lo traía de nacimiento, dentro del alma. Su padre fue carpintero tallador, él mismo hacia los dibujos para sus construcciones de casas, y al mismo tiempo realizaban preciosos diseños de carrozas y carros de diferentes estilos para la procesión del “Niño de Atocha” que de 1917 a 1930 se veneraba con toda pompa en Analco. 

El estimulo que incitó a Camilo Minero a pintar, fue a los 14 años, cuando observaba a Antonio Pineda Coto dibujar caricaturas y copiar los dibujos de las tarjetas que salían en cajetillas de cigarros o estampas de santos y vírgenes; pero antes Camilo, sin ser amigo de Pineda Coto, lo había admirado, porque en la escuela que dirigía don Damián Osorio, en Analco, Pineda Coto en los recreos modelaba muñequitos de barro. Camilo Minero recibió esa formidable inquietud artística que se ahondaba cada día, cuando veía dibujar a este muchacho artista zacatecoluquense.

El padre de Camilo al percatase de la vocación dominante de su hijo, y a instancias de Pineda Coto, que ya había conseguido entrar al taller del pintor y escultor, hijo de Zacatecoluca, Don Marcelino Carballo ( Carballo fue maestro de los pintores Pascasio González, Carlos Alberto Imery y de otros valores en el bello arte de la pintura), habló con el maestro Carballo, para que lo admitiese en el taller, ya que este tenia grandes deseos de aprender el oficio de pintor y escultor.

Casi cuatro años permanecieron en el Taller de Pintura de Don Marcelino Carballo. Pero siempre con la quijotada de ser artista y conocer amplios horizontes, decidieron partir, Pineda Coto y Camilo Minero, a San Salvador, dejando al maestro Carballo en Zacatecoluca, en su estudio el que alcanzó en aquellos días ser el único taller de pintura y escultura formado a su manera en el país, donde se impartían clases de pintura y escultura, excepto en la ciudad capital de San Salvador, donde ya funcionaba en forma oficial, desde 1913, la Escuela Nacional de Artes Gráficas. 

Camilo Minero estudió dibujo más adelante en la Escuela Nacional de Artes Gráficas que entonces dirigía don Carlos Alberto Imery. Sin embargo, a pesar de su trabajo cotidiano de escenográfo en el Teatro Nacional, jamás disminuyeron las altas aspiraciones de destacarse como artista. 

Fue uno de los fundadores de la “Sociedad de Pintores Jóvenes de El Salvador” y de los “Pintores Independientes”, De 1957 a 1960 estuvo becado en México, D.F. por el Gobierno salvadoreño; realizó estudios de pintura con el maestro Gutiérrez en el Instituto Politécnico Nacional, y grabado en el Taller de Gráfica Popular de la misma ciudad azteca. Ha viajado por los países de Centroamérica y Europa, Asia y Cuba. Fue Secretario y Presidente de JARDÍN DEL ARTE; Tesorero de la Unión General de Autores y Artistas de El Salvador “UGAASAL”; Socio-Fundador de CASA DEL ARTE. 

Siempre su pintura ha sido de expresión social, aun en los temas indigenistas y arqueológicos; su pintura simboliza la inquietud permanente que debe poseer el hombre, de superarse, de salir algún día de la ignorancia; que luche por ser hombre en el verdadero sentido de la palabra.

Actualmente trabaja su pintura casi especialmente en los temas del niño. El mismo manifiesta “que el niño es lo que mas conmueve su corazón aquí en la tierra”.

Su pintura en amarillos y de composición geométrica visible que ha adoptado desde hace muchos años en todas sus obras, se debe, según sus palabras: “Desde que estuve en México, becado por el Gobierno de mi país, los murales de Diego Rivera me impresionaron mucho, y quería analizarlos no tanto en su temática social que también intriga mi corazón, sino la composición geométrica que desarrolló el maestro Diego Rivera en sus obras. Siempre traté de estudiar esa composición en los murales, en libros y en forma objetiva, es decir, en teoría y en la práctica. Estoy convencido que para comprender la verdadera euritmia del arte es lo mejor, situarse ante los murales y obras de caballete de los grandes maestros. 

De repente salí trazando diagonales, me salió como eje de expresión artística. Todos los artistas griegos, del Renacimiento, manieristas, neoclásicos y muchos más, trazaron líneas geométricas basadas en el equilibrio rítmico del hombre, es decir, en las medidas universales, con la variedad que la mayoría de ellos lo ocultaron como trazado, pero están subyacentes en el conjunto. Yo dejo esos trazados visibles, a veces en llenos y otras en vacíos como una sensación calidoscópica, en formas prismáticas o de luces quebradas, en busca de la cuarta dimensión. 

Sobre el amarillo, si creo es una innovación de mi tradicional expresión estética. Todos nuestros pintores no buscan los colores que los identifiquen ante otros pintores, excepto cuatro o cinco pintores que yo conozco; los demás emplean los mismos azules, celestes, rosados y verdes bonitos; el amarillo le tienen miedo. Extienden sobre la tela con algunas gamas de colores pintorescos y panorámicos, trabajan con tonalidades adormecedores, fríos y deprimentes. 

Yo aplico los amarillos frenéticos, cálidos, los rojos vivos e irritantes que provoquen la furia y la cólera revelante; el blanco quiere decir paz; los anaranjados y los sienas son atenuantes, acordes de los amarillos. Presiento que esta explicación que planteo es muy corta, pero también es necesario recordar los límites de tiempo y espacio. Espero que algún día, desde luego pronto escribir mis teorías pictóricas, basadas en mis propias experiencias. 

La obra de Camilo Minero ha sido discutida por pintores y poetas, por las innovaciones que ha aplicado, tanto en el colorido como en la composición, también el sentido social de sus sentimientos. 

Han comentado la obra de Minero, algunos comentaristas de artes plásticas, como ejemplo: Quino Caso, Jorge Lardé y Larin, Ricardo Rivera, Carlos Cañas, Ricardo Dueñas, Francisco Hernández Segura, Juan Pérez, Raúl Elas Reyes, Eugenio Martínez Orantes, Pablo Risa, Mario Hernández Aguirre, David Alfaro Siqueiros, Raúl Vides Morán, Luis Galindo, Miriam Calero de Martínez, ALDEF, Pablo de J. Márquez, Rogelio Sinan, Elías Castillo A., Dario Dossier, Jorge A. Cornejo, Héctor Armando Magaña, Serafín Quiteño, Mercedes Durand, Mauricio de la Selva, Clementina Suárez, Francisco Aragón, Dra. Matilde Elena López, León Plancarte Silva, Federico Rodolfo Pardo, Luis Gallegos Váldez, Danilo Velado, Italo López Vallecillos, Claudia Lars, Ricardo Trigueros de León, Salvador Pérez Gómez, Orlando Fresedo, Antonio Gamero, Pablo Antonio Cuadra, Julio Ernesto Contreras, Pedro Geoffroy Rivas, Ricardo Martel Caminos, Edmundo Valencia, José Enrique Silva, Horacio Rivas, Ricardo Bogrand, Dr. José Enrique Silva, Francisco Escalante, Armando Herrera, Mario Castrillo, Dr. David Escobar Galindo, y otros…

Escritores y periodistas que han divulgado la obra de camilo Minero por medio de fotograbados y grabados en páginas de Arte y Letras en diarios salvadoreños: Dr. Juan Felipe Toruño, del Diario Latino; Luis Mejía Vides, de la Prensa Gráfica; ALDEF, de la Prensa Gráfica; Ricardo Trigueros de León, de El Diario de Hoy; Luis Fuentes Hernández, de El Diario de Hoy; Pedro Geoffoy Rivas, de la Tribuna Libre; Jorge A. Contreras, de El Diario de Hoy; Ing. Enrique Altamirano, de El Diario de Hoy.